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26Abr, 16
regimen de visitas abuelos

Cada vez son más numerosas las quejas de los abuelos que no pueden ver a sus nietos. La ruptura matrimonial de los progenitores, la muerte de uno de ellos o las diferencias personales con los abuelos pueden dar lugar a que los nietos dejen de visitar el domicilio de los abuelos y cesen su contacto con ellos. Ante dicha situación, son muchos los abuelos que se preguntan si deben resignarse a esa situación o si, por el contrario, están asistidos por algún derecho que les permita reclamar judicialmente el contacto con los nietos.

La jurisprudencia sobre este tema ha ido creciendo en los últimos años. Basándose fundamentalmente en el Ley 42/2003, de 21 de noviembre, de modificación del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en relación a las relaciones familiares de los nietos con los abuelos, se entiende que el papel desarrollado por los abuelos respecto a los nietos es fundamental. Para empezar, se considera que los abuelos pueden servir para contrarrestar situaciones de hostilidad que se hayan generado entre los progenitores a raíz de la separación o el divorcio de los mismos.

La familia, no hay que olvidarlo, es una de las instituciones sociales protegidas especial y explícitamente por la Constitución. El texto constitucional señala en su articulado que una de las funciones y obligaciones de los poderes públicos debe ser “la protección social, económica y jurídica de la familia”. A tenor de la Ley 42/2003 se entiende que dentro de esa familia los abuelos juegan un papel cohesionador capital, convirtiéndose y actuando en muchas ocasiones como transmisores de primer orden de los valores que a la familia le son intrínsecos. Así, entendiendo a los abuelos como “agente de solidaridad por excelencia de la sociedad civil”, se debe garantizar la relación entre ellos y sus nietos.

Para que eso sea así, el artículo 160 del Código Civil señala que “no podrán impedirse sin justa causa las relaciones personales del hijo con sus abuelos y otros parientes y allegados”. Si eso sucediera, el Juez, “a petición del menor, abuelos, parientes o allegados, resolverá atendidas las circunstancias. Especialmente deberá asegurar que las medidas que se puedan fijar para favorecer las relaciones entre abuelos y nietos, no faculten la infracción de las resoluciones judiciales que restrinjan o suspendan las relaciones de los menores con alguno de sus progenitores”.

¿Cuándo se da justa causa?

Así, en la toma de decisiones del órgano judicial competente (en este caso el Juez de Primera Instancia) primará siempre el interés del menor y se atenderá a que no concurra una justa causa que impida conceder un régimen de visitas de los abuelos respecto a sus nietos.

¿Cuáles pueden ser esas “justas causas”? Si hacemos un repaso de la jurisprudencia existente podemos encontrar diversos motivos:

  • Que el vínculo afectivo haya sido hasta ese instante prácticamente inexistente. Es decir: que tampoco en el tiempo en que los progenitores estaban juntos existía ese contacto entre nietos y abuelos.
  • Que entre padres y abuelos existan serios conflictos. Entre estos serios conflictos pueden figurar los malos tratos, alguna sospecha de abusos, alguna condena penal…
  • Que los abuelos intenten asumir manifiestamente un rol parental.
  • Que exista algún informe psicológico que evidencia que la relación con los abuelos puede causar algún tipo de desequilibrio emocional al menor. El equipo psicosocial del Juzgado suele pronunciarse en su informe sobre el régimen de visitas más idóneo en cada caso.

Atendiendo a todos estos aspectos, el Juez de Primera Instancia sí puede dictaminar que no exista contacto alguno entre el nieto y los abuelos. Lo más habitual, sin embargo, es que se establezca un régimen de visitas entre abuelos y nietos. Para determinarlo, se tiene en consideración el del progenitor no custodio y las circunstancias personales de las partes. Entre estas circunstancias personales figura, por ejemplo, la edad del nieto, o el hecho de que éste haya pernoctado o no alguna vez fuera de su casa. Hay que tener en cuenta, además, el hecho de que a partir de los 12 años (o incluso antes si, según el criterio del juez, tienen la “madurez suficiente”) los nietos pueden ser escuchados para que expresen su opinión.

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